Margarita, la prima de Felipe VI que podría llegar a reinar

La primogénita del Rey Miguel recibe a ABC en el Castillo de Peles y nos habla de su estrecha relación con Felipe VI

Margarita de Rumanía nos recibe en el castillo de Peles, una fortaleza neorrenacentista que se levanta en la ciudad de Sinaia, a las puertas de la enigmática Transilvania. La hija de Miguel I, último Rey de los Rumanos y primo hermano de Doña Sofía, se mueve por la antigua residencia de verano de su familia como si se hubiera criado entre estos muros, cubiertos de tapices que recrean regias escenas de caza. Sin embargo, esta auténtica princesa creció lejos del castillo de cuentos construido por sus antepasados a los pies de los montes Bucegi. Cuando su padre fue destronado por los comunistas, en 1947, la familia se exilió en el Reino Unido. Margarita nació en Lausana, estudió en internados suizos y cursó Derecho Internacional, Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad de Edimburgo. Fue en 1990 cuando pudo pisar por primera vez su país.

Los Hozenzollern han recorrido un largo camino hasta poder volver a casa. Este año celebran el 25 aniversario de su retorno, aunque tuvieron que esperar hasta 1997 para recuperar su ciudadanía y un poco más para obtener el permiso de residencia. En este tiempo, la Princesa Margarita, nombrada por su padre como Heredera de los derechos dinásticos, ha sido testigo de la metamorfosis de su país: de feudo de los Ceaucescu a incipiente milagro económico. «La evolución ha sido inmensa. Ahora tenemos democracia y prosperidad. Nuestra economía es una de las que más crecen en Europa», explica durante el encuentro con ABC en la biblioteca del castillo, que su familia recobró en 2007.

Todavía hay muchas cuentas pendientes en su país, como el drama del éxodo de rumanos en busca de trabajo. «Yo crecí en el exilio, y muchos españoles, italianos y portugueses también lo hicieron en los años sesenta y setenta. Sé de lo que hablo. Pero luego, cuando estos países prosperaron, la gente pudo volver. Rumanía está comenzando a crecer y alguna gente ya está regresando. Ahora, gracias a los emigrantes, muchas familias tienen un plato de comida en Rumanía», esgrime.

Cambio de guardia


La honestidad y la rectitud del Rey Miguel y de su hija, sumadas a su ausencia de aspiraciones al Trono, han ayudado a cambiar el rumbo de la opinión pública en lo que a la Familia Real se refiere. Cuando cayó el Muro de Berlín, muchos rumanos consideraban que los Hohenzollern eran poco menos que criminales de guerra. «El día que mi padre abandonó Rumanía, el Gobierno obligó a los maestros de las escuelas a arrancar su fotografía de los libros y a retirar los retratos reales. Así comenzó la propaganda comunista, que nos tachó de ladrones, asesinos y no sé cuántas mentiras más. Finalmente la gente comienza a saber la verdad, ha sido un largo viaje», dice la Princesa.

Ahora, según las encuestas de Inscop, el 44,9 por ciento de los rumanos tienen una buena o muy buena opinión sobre la Casa Real. Y más del 30 por ciento están a favor de la restauración de la Monarquía. El primer ministro y presidente del Partido Socialista, Victor Ponta, es el mayor defensor de un referéndum, y su contrincante en las últimas presidenciales, el victorioso Klaus Iohannis, hizo historia al visitar al Rey Miguel en el Palacio Elisabeta de Bucarest. «Fue un encuentro muy bonito e importante en términos simbólicos. La Corona no es un enemigo, estamos aquí para ayudar», revela la Heredera, que ha sido una pieza clave en la estrategia de su padre para reconquistar el corazón del pueblo.

Si algún día los rumanos decidieran restaurar la Monarquía y abolir la antigua ley sálica, Su Alteza Real se convertiría en Su Majestad la Reina Margarita. «Pero aquí no existe el debate de monarquía versus república. Rumanía es una república y la Corona no es motivo de divisiones, sino de equilibrio, de unidad y de continuidad. Somos un símbolo nacional, un papel que nos hemos ganado en los últimos veinticinco años». Da la impresión de que la restauración no le quita el sueño. «Eso depende del pueblo», responde. «Mucha gente me ha dicho: “No soy monárquico, pero la respeto”. Y eso está bien para mí. Mi padre siempre dijo que era el Rey de todos los rumanos». Curiosamente, ella es una Reina «en funciones» que preside actos oficiales, asiste a citas de la agenda política e incluso organiza una fiesta anual en los jardines del Palacio Elisabeta donde reúne a lo más granado de la sociedad civil. «Una vez alguien me dijo que en muchos países hay una monarquía constitucional y que aquí tenemos una monarquía funcional. Es algo extraño, pero está funcionando...».

Ella ha hecho que funcione. En cuanto tocó suelo rumano, empleó su experiencia en organismos internacionales, como la OMS y la FAO, y creó una fundación para ayudar a una nación hambrienta y enferma tras 22 años de tiranía comunista. «Mi fundación es la continuación de una larga tradición familiar. La Reina Isabel I fue pionera en la defensa de los derechos de la mujer en el XIX. La Reina María fue conocida como “la madre de los heridos’’ durante la Primera Guerra Mundial, y mi abuela, la Reina Elena, salvó la vida de miles de judíos en la Segunda Guerra Mundial», explica. Más de 24.000 niños, 2.500 familias en situación marginal y 600 ONG ya han recibido apoyo financiero de la fundación.

Una gran familia


La Princesa Margarita, ahijada del Duque de Edimburgo, está emparentada con todas las Familias Reales europeas, incluidas la española y la británica. «Todas ellas son un ejemplo. Mi primo Felipe VI, por ejemplo, es una figura inspiradora para todos los reyes, porque es un Monarca joven y muy activo y la Fundación Príncipe de Asturias es un éxito», revela. «Soy mayor que él, así que no puedo decir que seamos amigos. Pero sí tengo una bonita relación con la Reina Sofía y puedo decir que siempre fue extremadamente gentil con nosotros». También tiene palabras amables para Doña Letizia, a la que califica como «un gran activo para la Corona española».

El vínculo de los Hohenzollern con los Windsor se remonta a tiempos de la Reina Victoria -Margarita es su chozna- y continúa en estos días. «Isabel II tiene un sentido del humor delicioso, no es para nada aburrida. Ella siempre me dice: “Debes llamarme cuando estés en Gran Bretaña”. Así que cuando estoy allí la llamo y salimos a almorzar. Esos encuentros me han permitido verla de otra manera, más íntima».

¿Se puede ver a la Reina de Inglaterra como una simple prima? «Nunca olvidas que es la Reina, jamás. En ella vive su país y toda la historia de Gran Bretaña. Pero no hay dicotomía. Es la Reina, pero también es un ser humano muy cálido». Con el Príncipe Carlos de Inglaterra también guarda una estrecha amistad, fruto de los veranos compartidos en su infancia en el castillo escocés de Balmoral. «De niños jugábamos a indios y vaqueros. Y tras la caída del Muro, él fue uno de los grandes defensores de los pueblos rurales rumanos que estaban siendo destruidas. Entre familia nos ayudamos». Nobleza obliga.

Martin Bianchi, abc.es





Comentarii